Massa candidato: una decisión rabiosamente pragmática que abre un futuro incierto para Cristina

Nacionales

Tras un cierre de listas a todo ritmo, se inició formalmente en la Argentina una nueva campaña electoral, que encontrará a kirchneristas y albertistas militando juntos la precandidatura presidencial de Sergio Massa en el oficialismo de cara a las PASO de agosto próximo, después de largos períodos de tensión interna en el ahora extinto Frente de Todos.

Unión por la Patria postulará entonces a Massa para jefe de Estado, acompañado en la fórmula por Agustín Rossi y sin mayor competencia a la vista que la que finalmente logre plantearle Juan Grabois junto a su reducido grupo de seguidores dentro de siete semanas en las urnas, cuando se celebren las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

En cambio, en la vereda de enfrente, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich sí protagonizarán una interna competitiva el próximo 13 de agosto en Juntos por el Cambio (JxC). Ambos librarán una pulseada electoral inédita dentro de una coalición opositora con sólidas probabilidades de volver a ser Gobierno a partir del 10 de diciembre de este año.

Es decir, quien resulte ganador podría convertirse en el o la sucesor/a de Alberto Fernández, ya sea en los comicios generales del 22 de octubre o bien en un balotaje en noviembre. Como se esperaba, el gobernador jujeño, Gerardo Morales, secundará a Rodríguez Larreta, en tanto otro dirigente radical, aunque de perfil notoriamente más bajo, Luis Petri, será el precandidato a vicepresidente de Bullrich.

El consumado acuerdo del radicalismo con el PRO en JxC echó por tierra las aspiraciones de Facundo Manes de postularse para la Jefatura de Estado, en tanto la líder de la Coalición Cívica Elisa Carrió también se bajó de la contienda electoral luego de haber presionado -con éxito- a Rodríguez Larreta para que sea Maximiliano Ferraro quien encabece la lista de precandidatos a diputados nacionales en la Ciudad.

Al tope de esa nómina, en la boleta larrestista, el alcalde porteño pretendía ubicar a su ministra de Educación, Soledad Acuña, que finalmente se postulará para integrar el Parlamento del Mercosur (Parlasur). Claro que su principal objetivo para 2023 no es justamente ese, sino acompañar a Jorge Macri o bien a Martín Lousteau como candidata a vicejefa de Gobierno.

Massa, un recurso de último momento

En la contienda nacional, en tanto, el tercero en discordia sigue siendo el diputado libertario Javier Milei, pese a las dificultades por las que debió transitar -por falta de pericia o de estructura- durante las jornadas previas al cierre de listas. Con esfuerzo, el economista consiguió organizar su oferta electoral, aunque un signo de interrogación pende sobre él con respecto a su capacidad -y la de su espacio- para lograr que la posición expectante que supo alcanzar en sondeos de opinión se traduzca efectivamente en votos.

Milei saldrá a la cancha a enfrentarse con dos aceitados aparatos políticos y además de despliegue territorial, necesitará un batallón de fiscales que cubran no solo la Capital Federal y el atiborrado conurbano bonaerense, sino los sitios más recónditos del país si pretende plantearles una pelea de igual a igual en las urnas a Unión por la Patria (UP) y JxC.

Ciertamente, en los albores de una nueva campaña electoral en la Argentina, la competitividad de las fórmulas es la principal incógnita que dejó como saldo el acalorado cierre de listas, más allá de las aspiraciones personales de cada candidato. Por ejemplo, en el caso de Massa, si bien se habían convertido en un secreto a voces sus ambiciones de lanzarse a la carrera por la sucesión de Fernández, está claro que su designación no fue producto de la planificación, de un largo y minucioso proceso de análisis interno en UP, sino todo lo contrario.

«Fue el resultado de una accidentada negociación entre los distintos actores del oficialismo y da la sensación de que todos cedieron. intentando evitar el peor de los escenarios», consideró en analista político Lucas Romero, director de Synopsis Consultores, en declaraciones a Noticias Argentinas. En algún momento, una gota de sudor frío corrió por la espalda del peronismo frente a la posibilidad de quedar relegado a un tercer puesto en las PASO y en consecuencia, se activaron cambios de último momento cuando parecía que Eduardo «Wado» de Pedro se encaminaba a transformarse en el precandidato K con la bendición de Cristina Kirchner.

Según pudo averiguar NA consultando fuentes oficiales, el pasado viernes temprano el mandatario Alberto Fernández se reunió con el canciller Santiago Cafiero y con el asesor presidencial Juan Manuel Olmos para explorar una «alternativa de unidad», a partir del insistente pedido de gobernadores justicialistas en tal sentido y de la performance -menor que la esperada- de la dupla De Pedro-Juan Manzur en encuestas sobre intención de voto.

Luego, Olmos se entrevistó con Cristina y Cafiero habló con Daniel Scioli, que apenas horas atrás había encabezado su lanzamiento formal. El embajador en Brasil, finalmente, debió bajarse de la contienda por la Jefatura de Estado. La «rosca» electoral en el ex Frente de Todos terminó de encaminarse cuando Massa confirmó que estaba dispuesto a competir. Al fin y al cabo, el ministro de Economía es el dirigente de UP que mejor mide, incluso a pesar de los desopilantes niveles de inflación que se registran en el país.

Fernández logró ubicar a su jefe de Gabinete, Rossi, como compañero de fórmula de Massa, de igual modo que Cafiero y la titular de la cartera de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz, inscribieron sus nombres en lugares destacados de la lista de precandidatos a diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires. La nómina será encabezada por Máximo Kirchner, que a regañadientes debió aceptar la inclusión de ambos.

Kirchneristas y albertistas militando juntos

En una reunión entre Massa y Cristina en el Congreso terminó de sellarse la tan mentada «unidad» del oficialismo. «Las PASO no se iban a dar ordenadas y no podía ser que por una cuestión de internas, el peronismo pelee el tercer lugar», dijo la fuente de Unión por la Patria consultada por esta agencia. «Este abordaje fue lo central te diría, ya que todos cedieron y se privilegió la totalidad del peronismo. Y obviamente Alberto de vice iba a colocar a alguien que sume y no irritara a nadie«, agregó, en alusión al «Chivo» Rossi.

Además del jefe de Gabinete, otros dos dirigentes de perfil albertista como Cafiero y Tolosa Paz -que lógicamente declinó sus aspiraciones de llevar al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, a una interna en agosto- pasarán a cumplir roles estelares en la campaña electoral 2023 militando codo a codo junto con referentes del núcleo duro K la candidatura de Massa. En ese contexto, está por verse si las tensiones de otros tiempos en el seno del oficialismo han quedado -o no- en el pasado.

Lo cierto es que el kirchnerismo figurará en la boleta de UP de manera incluso más «disimulada» que en 2015 y en 2019, tras la decisión rabiosamente pragmática de ungir al líder del Frente Renovador -y crítico del universo K en años anteriores- como aspirante a la Presidencia de la Nación. En este sentido, la fórmula Massa-Rossi supone para Cristina y para su futuro político un serio riesgo si llegara a resultar exitosa: podría en ese caso echar por tierra esa supuesta máxima K que pregona que «solo con ella no alcanza para que el peronismo gane, pero sin ella tampoco». Por ende, se trata de un arma de doble filo.

Al bajar a «Wado» de Pedro, incluso, el kirchnerismo no hace más que admitir su propia incapacidad para formar durante su largo período en el poder a un dirigente lo suficientemente robusto como para tomar la posta y seguir adelante con el proyecto iniciado en 2003 con el gobierno de Néstor Kirchner. Es decir, no se trata de reemplazar a una figura tan potente como la de Cristina, sin duda la dirigente política más influyente del siglo XXI hasta el momento en la Argentina, sino de construir una alternativa de continuidad. Si es que efectivamente la ex jefa de Estado se lo propuso últimamente, de momento ha fracasado.

Al mismo tiempo, parece claro que su objetivo primordial este año es retener el gobierno en la provincia de Buenos Aires, en el caso de morder el polvo en las elecciones nacionales. Una boleta larga que incluye nombres de peso como los de Massa, Kicillof y Máximo Kirchner en ese distrito le ofrece al kirchnerismo sólidas esperanzas de alcanzar con éxito esa meta frente a la amenaza de JxC, que también luce vigoroso allí.

Como mínimo, el justicialismo apuesta a conservar su caudal de votantes cautivos en la Provincia, incluso a pesar de los estragos que causa el sostenido aumento del costo de vida en el populoso Gran Buenos Aires, sabiendo que una eventual derrota en ese terruño podría significar un antes y un después en la historia del kirchnerismo en la Argentina. Juntos por el Cambio pretende forzar, justamente, ese punto de quiebre.

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